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¿Cómo contener emocionalmente a mi hijo/hija?

Actualizado: 26 mar 2023

¿Cuántas veces sentiste vergüenza porque tu hijo o tu hija empezó a llorar sin control en plena reunión familiar, en el supermercado, en la calle o frente a tus amigos, y a cambio recibiste muchas miradas acusadoras apuntando hacia ti, haciéndote creer que estabas fallando como mamá o papá?


¿Cuántas veces tus palabras no fueron suficientes para brindarle el soporte emocional que tu hijo/hija necesitaba en ese momento, por lo que te dieron ganas -si acaso no lo hiciste- de gritarle y/o golpearle para frenar de una vez por todas esa situación tan abrumadora?

Ahora, piensa lo siguiente: Si para nosotros los adultos, muchas veces nos cuesta gestionar nuestras propias emociones asertivamente, ¿imaginas lo difícil que podría significar para tu peque, que apenas tiene unos cuantos años de vida, expresar sus emociones?


A continuación, comparto algunos pasos para lograr una contención de manera respetuosa, la misma que puedes poner en práctica dentro como fuera de casa:


  1. Acércate y valida sus emociones: Para comprender el motivo por el cual empezó a expresarse -a través del llanto, el grito, los golpes, etc.- es importante que primero le hagas saber a tu hijo/hija que es válido lo que está sintiendo y que lo comprendes. Una forma de hacerlo es haciendo contacto visual -agáchate hasta su altura- para decirle algo como: Sé que te ha enojado que _______” / “Sé que estás triste por_____”. Esta primera etapa ayuda a los niños y niñas a comprender, de manera tácita, que expresar las emociones es un proceso natural. Por el contrario, si cada vez que se le pide un niño/niña que deje de llorar -sin una validación ni contención previa- aprenderá y creerá que lo mejor será reprimir lo que siente.

  2. Agradece las buenas intenciones de los espectadores: Es normal y común que, mientras tu hijo/hija empiece a desbordarse en llanto, algunas personas se acerquen para preguntarle “¿Uy, qué te pasó? ¿Por qué estás llorando?” “Ya no estés así, ya pasará”, palabras que lejos de calmarle, muchas veces provoca que las emociones de tu hijo/hija vayan en aumento y tú empieces a sentir frustración porque nada parece funcionar, mientras tu paciencia se va agotando por completo. En ese momento, piensa que aquellos que se acercaron, en su buena intención, sólo desean saber qué sucede para poder ayudar a tu hijo/hija a calmarse, aunque en ese momento sientas que hacen todo lo contrario. Agradece y continúa tu labor de contención.

  3. Busca un lugar adecuado: ¿Ya te pasó que cuando estás molesto por algo, muchas veces quieres estar a solas y que nadie te hable? Pues, eso es exactamente lo que le sucede a muchos niños. Entonces, si notas que el lugar y/o la presencia de muchas personas no favorecen el proceso de contención, busca otro espacio que se ajuste a la situación. Para ello, coméntale que lo llevarás a otro ambiente para que tengan mayor privacidad. Es probable que acepte, pero si prefiere quedarse ahí, pese a los comentarios de otras personas, entonces quédense ahí y continúa el proceso. Aquí, es importante que tu hijo tenga claro que llevarlo a otro lugar no es sinónimo de castigo, sino de encontrar el lugar idóneo para expresar sus emociones.

  4. Acompáñale durante el proceso: Darle contención emocional a tus hijos/hijas implica sostener sus emociones a través del acompañamiento. Hay muchas maneras de hacerlo, desde abrazarle hasta darle tiempo suficiente para estar en calma. Elegir el método adecuado, dependerá de la situación, de la emoción expresada y de la edad de tu peque. Por ejemplo, darle un abrazo cuando siente tristeza, puede ser un acto reparador, pero tal vez resulte una mala idea cuando se muestre con enojo o rabia, donde su preferencia sea que nadie le toque. Ninguna opción es mejor que la otra, pero sea cual sea la decisión que tomen, hazle saber que estarás a su lado -o cerca- para que puedan conversar cuando lo necesite: “Entiendo que no quieres conversar con nadie sobre lo que ha sucedido, pero si más tarde deseas hacerlo, yo estaré aquí”

  5. Diseñen juntos un plan de acción con acuerdos: Cuando la tormenta haya terminado, encuentra un momento para conversar con tu hijo sobre lo sucedido y sobre cómo se sintieron ambos al respecto: "¿Te parece si conversamos sobre lo que pasó hoy en la tarde, en casa de la abuela? " / "Hoy en la tarde, cuando te enfadaste no quisiste hablarme y te entiendo, pero ahora que ya pasó todo, te gustaría contarme qué fue lo que te molestó tanto?". Luego, comiencen a crear un plan de acción para situaciones similares, donde ambos planteen alternativas de solución, llegando a acuerdos por consenso. Pueden hacerlo al final del día o al día siguiente, si fuera necesario, pero por ningún motivo intentes realizar esta etapa cuando sus emociones estén en plena efervescencia, pues será agotador, invasivo y poco respetuoso, tanto para ti como para tu hijo/hija. "Qué tal si apuntamos en esta hoja todo lo que podemos hacer cuando otro día nos suceda algo parecido?"

El proceso de contención podría culminar aquí con esta última etapa. Sin embargo, quiero remarcar dos pasos adicionales que podrían ayudarte en situaciones donde consideres que nada parece funcionar como lo esperabas:


  • Permítete sentir y pedir ayuda cuando lo necesites: Uno de los pilares de practicar disciplina positiva es el respeto mutuo. En ese sentido, es importante validar no solo las emociones de tu hijo/hija, sino también las tuyas. Por ello, si pese a tener la intención de contener a tu hijo/hija, no estás preparada para hacerlo -porque, por ejemplo, sientes que tus impulsos serán los que gobernarán la situación- entonces, retírate amablemente y solicita a otra persona que te ayude a hacerlo, así evitas utilizar métodos punitivos: "Siento mucho lo que sucedió, yo también estoy muy enfadada así que, por respeto a ti y a mi, iré a mi cuarto un par de minutos, mientras tanto estarás con papá hasta que yo regrese". Si en ese momento, no hay alguien que pueda apoyarte en el proceso, puedes hacerle saber a tu hijo cómo te sientes, de esa manera él también aprenderá a ser una persona empática y respetuosa: “Siento mucho lo que ha sucedido con tu lápiz. No me siento lista para manejar esta situación. Necesito un par de minutos a solas para calmarme y cuando me sienta mejor, volveré para conversar si lo necesitas”


*Esta etapa puede estar incluida en el plan de acciones, previo acuerdo mutuo: "Golpear al otro, es una opción que no vamos a considerar cuando ambos estemos enfadados, así que apenas tengamos ganas de hacerlo, podemos respirar o irnos a nuestro lugar favorito hasta calmarnos, como habíamos acordado"


  • Sigue creyendo en ti: Aún cuando sientas culpa o rabia porque algunos días no sepas cómo gestionar las emociones de tu peque -ni los tuyos- y creas que la mejor manera son los castigos y los golpes, recuerda que la crianza respetuosa requiere de constancia, de paciencia, de repetir una y otra vez con firmeza y amabilidad al mismo tiempo. Cuando creas que es momento de tirar la toalla, piensa que los grandes resultados los tendrás a largo plazo, a través de un niño/niña que se convertirá en un adulto que desarrollará -con el tiempo y con tu ejemplo- diversas habilidades de vida. Cree en ti y en la gran labor que realizas día a día como mamá o papá.


Respira. ¡Lo estás haciendo bien!

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