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El arte de ser coherentes en la crianza.

Actualizado: 9 abr 2023

Cuando realizo sesiones individuales y pregunto el motivo de consulta, a menudo - por no decir siempre - escucho respuestas que empiezan con un “Quiero que mi hijo…” y es que, para algunos padres y madres, resulta más fácil abordar el “problema” desde la mirada del otro, en este caso, del niño. Son pocos los que van a consulta para cambiar sus propios patrones de conducta, luego de haber detectado que no están siendo un buen modelo para sus hijos.

¿Pero, por qué tengo que cambiar yo, si es mi hijo el que se la pasa haciendo berrinches todo el tiempo? Esa es otra pregunta común, que escucho con frecuencia. Sin embargo, luego comprenden que, en la medida que ellos como padres/madres sean capaces de gestionar sus propias emociones, la conducta de sus hijos/hijas también se transforma, como efecto espiral.

¿Cómo exigir a nuestros hijos/hijas que sean de tal o cual manera si en lugar de enseñarles a gestionar de manera efectiva los retos que nos presenta la vida, le estamos enseñando - con nuestro ejemplo - todo lo contrario?


  • Quiero que mi hijo deje de mentir… pero, algunas veces le digo que no le cuente nada a papá sobre lo que hacemos.

  • Quiero que mi hija sea más sociable… pero, nunca me ha visto interactuar con mis amigos más cercanos.

  • Quiero que mi hijo deje de ser tan miedoso… pero, cuando llega la noche apago las luces, cierro la puerta de su habitación y le pido que se duerma y deje de llorar!

  • Quiero que mi hijo coma toda su comida… pero, a menudo le obligo a comer comida que, incluso yo, no comería.

  • Quiero que mi hijo sea más ordenado… pero, siempre soy yo quien guarda sus juguetes cuando acaba el día.

  • Quiero que mi hijo sea más responsable… pero, lo llevo tarde a la escuela y actúo como si nada pasara.

  • Quiero que mi hijo deje de hacer escándalo en la calle… pero, aún no le enseño a gestionar sus emociones y le grito porque, de hecho, ni siquiera yo sé cómo hacerlo.

  • Quiero que mi hijo aprenda a respetar las normas… pero, cuando vamos en el auto, me cruzo la luz roja del semáforo y nos reímos de "tal hazaña".

  • Quiero que mi hijo sea más empático con los demás… pero, pocas veces me pongo en su lugar para entender lo que realmente desea expresarme.

  • Quiero que mi hijo sea más independiente… pero, cuando me dice que quiere elegir su ropa, le decimos que no y lo hacemos por él, para evitarnos el drama de tardar tanto.


En la crianza de nuestros hijos/hijas, ser personas coherentes se convierte a diario en un verdadero arte que requiere mucha paciencia y disciplina, cualidades que a mediano y largo plazo trae grandísimos beneficios para ambas partes: los hijos/hijas y los padres/madres.


Respira. Ponte en su lugar. Ama.

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