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Tus hijos/hijas son tu reflejo.

Actualizado: 9 abr 2023

Desde que mi hijo era muy chiquitito, solía explicarle que no existían emociones buenas ni malas, sino que todas eran válidas, por tanto se valía sentir enojo, alegría, tristeza, etc. Digamos que solo le daba la teoría, en mis intentos por ayudarle a que expresara sus emociones con mayor facilidad, pero bien dicen que del dicho al hecho hay mucho trecho.


Un día, llegué a casa con mucha frustración (luego de una pésima jornada en el trabajo) tenía muchas ganas de llorar de impotencia y a la vez, no quería que mi hijo me viera llorar, para que no asocie llanto a frustración. Sí, en ese tiempo, yo no tenía claras las cosas. Por un lado, le decía que era válido llorar, pero en la práctica me costaba llorar delante de él, de manera natural.


Con el tiempo y con varias sesiones psicológicas en el camino, empecé poco a poco a verbalizar lo que tanto me costaba expresar con palabras y con mi cuerpo. Este cambio en mi, comenzó a resonar en mi hijo, al punto que una tarde, cuando cumplió 5 años, nos pusimos a jugar a enviarnos cartas. Le pusimos de nombre “Las cartas de las sugerencias” donde cada uno enviaba una sugerencia al otro, contando qué acciones le funcionaba para pasar del enojo a la calma, desde su propia experiencia.


Grata fue mi sorpresa abrir esa carta y leer que “respirar hondo y caminar agarrado a una persona” eran los recursos que a él, le llevaban a la calma. Tenía sentido, pues era lo que yo había empezado a hacer meses previos. Respiraba profundamente cuando me enojaba, pero no era respirar por respirar, sino que lo hacía de manera consciente y de verdad podía sostener a mi hijo desde la calma y no desde el enojo. Otras veces, nos dábamos un espacio (ambos) a que nuestra calma llegara sola y luego salíamos a caminar (sin rumbo y agarrados de la mano) para buscar juntos alternativas de solución a nuestras confusiones. Él había estado copiándome todo el tiempo (con mi ejemplo) y no me había dado cuenta.


Desde ese día, comprendí que los niños y niñas todo el tiempo nos observan y absorben constantemente información. Tremenda responsabilidad. Tus hijos/hijas son tu reflejo.







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